TEA TIME THINKING

Mientras disfruto de un té de hierbas casero de jengibre y canela, pienso en cómo la fantasía está desapareciendo de las mentes humanas. Niños que ya no se sienten asombrados, porque el mundo ahora lo ofrece todo y ya no hay espacio para la imaginación. El té de hierbas todavía está ardiendo y, con pequeños sorbos, dejo que el vapor dibuje valles en las lentes de mis gafas, luego se transforman en ramas intrincadas y sinuosas y finalmente desaparecen en un vuelo burbujeante de pájaros. Me quedo inmóvil y asombrado al observar la blancura de la cortina frente a mí. En el paladar todavía hay ese aroma picante y picante de la rareza.
Quiero dejar mi vida, al menos por un día. Aléjate de lo que me rodea, de la existencia cotidiana dentro de estas cuatro paredes. De las pocas, poquísimas personas que me conocen, del perro, de los fracasos, del recordatorio diario de lo que no he podido hacer. Aléjate del país donde vivo, del que aprendí a conocer, del que me recogió. Dar recuerdos. De los hábitos, de las certezas, de esos puntos fijos que solo están afuera y nunca adentro de mí. De los sentimientos, de los lazos nunca creados, de ese hilo, demasiado visible, entre la oscuridad y yo. Desde el sentido de acogida que me transmite, desde la soledad que me embarga. De las cosas que nunca van y de las cosas que siempre van, en sentido contrario. De la idea de mi cuerpo, de lo que otros tienen de mí, de lo que tengo yo de la vida. De la sensación ausente de sentirse vivo. De este peso, en mi pecho, que solo quisiera rasgarme la piel y poner un corazón en mis manos que no siento el mío. Lo que duele, y lo que duele es un llanto mudo, incapaz de encontrar las palabras.
El dicho popular dice que la vida es una. Lo que entiendo, sin embargo, es un poco diferente. Comprendí que hay muchas vidas, pero cada momento de experiencia es único por el alcance de la enseñanza y el valor que conlleva su expresión. Desde otro punto de vista, la reencarnación es la sucesión lógica y consecuente de la vida única de una conciencia, que toma forma y sustancia en las diversas cualidades del existente para representar esa parte del Absoluto de la que es la chispa. Para dar un ejemplo más concreto, incluso la vida de cada uno de nosotros es la sucesión lógica y consecuente de muchos estados del ser que nos han visto como niños, adolescentes, adultos y nos verán viejos y sabios (esperamos). Cada fase y cada momento de lo vivido fue fundamental para representar el próximo cambio. Este último no podría existir si no hubiera sido producido por los momentos y “vidas” anteriores. Así es por la reencarnación que nos ve morir en ese momento de la vida y renacer como consecuencia lógica de lo que fue, con una expansión del sentimiento de existir en calidad y fuerza. Entiendo que esto podría llamarse un acto de fe. Pero es el único que permite un razonamiento que justifica el sentido de la vida y prevé su evolución. Este último es verificable; sin embargo, está interrumpido por un límite de observación que puede ser un perjuicio para la ciencia. Pero no desde el límite de una filosofía que sabe ir más allá de la observación puramente sensorial y capta el conjunto de un razonamiento en el que la vida y la conciencia (no científicamente definibles) adquieren el valor de lo eterno.

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